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Mostrando las entradas de diciembre, 2025

Descripción de mi blog.

 Palabras que transforman, es un blog educativo creado para compartir recursos, de aprendizaje, reflexiones pedagógicas y materiales didácticos del área de Comunicación. Su propósito es brindar apoyo a docentes y estudiantes de secundaria mediante contenidos claros, actualizados y útiles para fortalecer competencias comunicativas. En este espacio, se publicarán materiales originales como sesiones, modelo de textos , análisis literarios y propuestas innovadoras que buscan mejorar la práctica docente y promover aprendizajes significativos.

Mi planta de naranja lima

  RESUMEN Mi planta de naranja lima Autor: José Mauro de Vasconcelos   Mi planta de naranja lima es una novela profundamente conmovedora que narra la infancia de Zezé, un niño brasileño de cinco años que crece en un entorno marcado por la pobreza, la violencia y el abandono afectivo. A lo largo de la obra, el lector ingresa al mundo sensible, imaginativo y doloroso del protagonista, quien intenta sobrevivir emocionalmente mediante su creatividad, su capacidad para amar y un pequeño árbol de naranja lima al que convierte en su amigo y confidente. La historia inicia mostrándonos la difícil situación económica de la familia de Zezé: viven hacinados, dependen de trabajos temporales y apenas logran sobrevivir. La figura del padre, desempleado y frustrado, representa la dureza del contexto social de los barrios pobres de Brasil. La madre, agotada por la obligación de mantener el hogar, no tiene tiempo para la sensibilidad o el afecto. Esta precariedad emocional se refleja en...

El Torito De La Piel Brillante

  El Torito De La Piel Brillante De: José María Arguedas. Este era un matrimonio joven. Vivían solos en una comunidad. El hombre tenía una vaquita. La alimentaba dándole toda clase de comida: gachas de harina o restos de jora. La criaban en la puerta de la cocina. Nunca la llevaron fuera de la casa y no se cruzó con macho alguno. Sin embargo, de repente, apareció preñada. Y parió un becerro color marfil, de piel brillante. Apenas cayó al suelo mugió enérgicamente. El becerro aprendió a seguir a su dueño; como un perro iba tras él por todas partes. Y ninguno solía caminar solo; ambos estaban juntos siempre. El becerro olvidaba su madre; sólo iba donde ella para mamar. Apenas el hombre salía de la casa, el becerro lo seguía. Cierto día, el hombre fue a la orilla de un lago a cortar leña. El becerro lo acompaño. El hombre se puso a recoger leña en una ladera próxima al lago; hizo una carga, se echó al hombro y luego se dirigió a su casa. No se acordó de llamar al torito. Este ...

EL DESPOJO

                                                                    EL DESPOJO  En otros tiempos, todos los cerros y todas las pampas de la puna fueron de los comuneros. Entonces no había mucho ganado en Lucanas; los mistis no ambicionaban tanto los echaderos. La puna grande era para todos. No había potreros con cercos de piedra, ni de alambre. La puna grande no tenía dueño. Los indios vivían libremente en cualquier parte: en las cuevas de los rocales, en las chozas que hacían en las hondonadas, al pie de los cerros, cerca de los manantiales. Los mistis subían a la puna de vez en vez, a cazar vicuñas, o a comprar carne en las estancias de los indios. De vez en vez, también se llevaban, de puro hombres, diez, quince ovejas, cuatro o cinco vacas chuscas; pero llegaban a la puna como las granizadas locas, un ratito, h...

EL SUEÑO DEL PONGO

 EL SUEÑO DEL PONGO  Un hombrecito se encaminó a la casa-hacienda de su patrón. Como era siervo iba a cumplir el turno de pongo, de sirviente en la gran residencia. Era pequeño, de cuerpo miserable, de ánimo débil, todo lamentable; sus ropas, viejas. El gran señor, patrón de la hacienda, no pudo contener la risa cuando el hombrecito lo saludó en el corredor de la residencia. —¿Eres gente u otra cosa? —le preguntó delante de todos los hombres y mujeres que estaban de servicio. Humillándose, el pongo no contestó. Atemorizado, con los ojos helados, se quedó de pie. —¡A ver! —dijo el patrón—, por lo menos sabrá lavar ollas, siquiera podrá manejar la escoba, con esas manos que parece que no son nada. ¡Llévate esta inmundicia! —ordenó al mandón de la hacienda. Arrodillándose, el pongo le besó las manos al patrón y, todo agachado, siguió al mandón hasta la cocina. El hombrecito tenía el cuerpo pequeño, sus fuerzas eran sin embargo como las de un hombre común. Todo cuanto le ordenaban...

LA AGONÍA DEL RASU-ÑITI

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LA AGONÍA DEL RASU-ÑITI   Estaba tendido en el suelo, sobre una cama de pellejos. Un cuero de vaca colgaba de uno de los maderos del techo. Por la única ventana que tenía la habitación, cerca del mojinete, entraba la luz grande del sol; daba contra el cuero y su sombra caía a un lado de la cama del bailarín. La otra sombra, la del resto de la habitación, era uniforme. No podía afirmarse que fuera oscuridad; era posible distinguir las ollas, los sacos de papas, los copos de lana; los cuyes, cuando salían algo espantados de sus huecos y exploraban en el silencio. La habitación era ancha para ser vivienda de un indio. Tenía una troje. Un altillo que ocupaba no todo el espacio de la pieza, sino un ángulo. Una escalera de palo de lambras servía para subir a la troje. La luz del sol alumbraba fuerte. Podía verse cómo varias hormigas negras subían sobre la corteza del lambras que aún exhalaba perfume....